martes, 13 de septiembre de 2011

El cielo puede esperar... porque vamos en bicicleta

Lanzaba hace un par de días la consigna de que "El paraíso ciclista no existe" animando a hacer una labor introspectiva de revalorización de lo que tenemos cerca y de lo que debemos conservar antes de lanzarnos a imitar modelos de otras latitudes. Hoy redundo en ello. Resulta difícil remontar el vuelo después de una noticia como la de ayer, pero es, hoy más que nunca, imprescindible.


No podemos esperar a que se reconfigure todo nuestro entorno para empezar a vivir a nuestro estilo o a cambiar nuestros hábitos. Hay que interactuar en una realidad para cambiarla y, sobre todo en bicicleta, el movimiento se demuestra andando. Por donde se pueda y como se pueda. Primero con pasos titubeantes, después con pedaleo decidido, con prudencia, con dignidad, con seguridad, con respeto, siendo visibles, ocupando un espacio, el que nos merecemos, porque tenemos derecho y porque nos hemos hecho acreedores ya que nuestra forma de desplazarnos es beneficiosa para todos.

Empezando por nosotros mismos. Andar en bici asiduamente da tono vital, muscular y mental, da karma. No os voy a decir que da felicidad, pero sí da bienestar, buen punto. No es la primera vez que mantengo una conversación con alguien que se incorpora a esto de la bicicleta como medio de locomoción habitual y afirma que lo más positivo es la forma en la que llega a su actividad: despierto, activo, tranquilo y con una sonrisa. Los que antes iban en coche o en bus son los que más promulgan esta visión.

Tampoco soy el único que hace conteos en sus trayectos habituales y, en mi histórico, las personas que se mueven en bicicleta se han multiplicado por 3 en los últimos años. Así pues, es más una cuestión de tiempo, de pura comunicación de experiencias, de envidia de ese ciclista que fluye cuando el tráfico se colapsa, de onda expansiva y de masa crítica (de la de todos los días) que esto vaya para adelante de una manera irremediable. Mucho más que a base de grandes infraestructuras, de bicicletas públicas, de registro de bicicletas, de semanas del asunto y de campañas institucionales magníficas. ¿Un millón más para 2015? Eso se consigue por pura inercia.

De todas maneras, hay un montón de iniciativas que, bien organizadas, pueden tener unos resultados realmente espectaculares en poco tiempo, pero que van para largo. Un ejemplo: la Ikastola Salbatore Mitxelena de Zarautz. Otro: el colegio Landako Eskola de Durango. Y, como estos, muchos más. Que hacen que eso de andar en bici (o pie) sea cada vez más terrenal, menos divino.


El cielo puede esperar por mi y por cada vez más personas, que vamos a pedalear todos los días porque eso ocurra, y, aunque "Sin bicicletas no hay paraíso", ya dije al principio que "El paraíso ciclista no existe" así que, que nos dejen en paz los que venden la moto y que no nos venden más los ojos, que solos ya vemos.

Además, que no se preocupen por nosotros los del cielo porque, yendo en bici, vamos despacio pero seguiro que llegamos puntuales.

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