jueves, 25 de agosto de 2011

¿Y si David pudiera con Goliat?

Hoy, como parte de mis rutinas estivales, me he vuelto a quedar embobado mirando a ninguna parte, absorto en la placidez del momento. En esas estaba cuando me ha parecido ver una mosca desplazándose de espaldas por el suelo de la terraza. ¿Cómooo? ¿La mezcla de buena temperatura, sol y el aire sano de la montaña tienen efectos alucinógenos? ¿O quizá ha sido el exceso de ejercicio de las últimas semanas que me ha debilitado tanto que me hace ver visiones?

He decidido incorporarme de mi postración y acercar el morro hacia ese insecto para tratar de interpretar qué demonios estaba ocurriendo y ¿qué me he encontrado? Una hormiga arrastrándola con las mismas dificultades que determinación hacia su hormiguero. ¡Quién si no! En otro momento de largo verano dediqué unas líneas a estos increíbles insectos. Hoy no voy a insistir en ello, sino en lo alegórico de la imagen: el pequeño pudiendo con el grande, el ligero arrastrando al pesado.


No me quiero poner sentimental, apocalíptico ni utópico, pero se me ha representado esta famosa fotografía en la que un ciclista acarrea la carrocería de un coche. Y me ha parecido representativa del futuro incierto que nos augura la crisis energética que para muchos es inminente, donde la universalidad y la sobreutilización del coche como vehículo preeminente y prepotente se acabará y habrá que buscar fórmulas más eficientes y más ligeras. Y me ha venido a la mente la historia de David y Goliat. Y he pensado: ¿Y si David pudiera con Goliat?


¿Cómo? ¿Qué pudo? ¿Qué la fuerza bruta y descomunal fue abatida por la inteligencia y la agilidad de un mindundi con una herramienta que multiplicaba su fuerza y que acertó a darle en toda la cabeza con su piedrecita? ¿Y que eso sirvió para acabar con el dominio insolente y el terror que ejercía el pesado gigante sobre la población? ¡Venga ya!

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