jueves, 11 de julio de 2013

¿Y si no hubiera coches?

No. No nos ha vencido la ola de calor ni hemos sido abducidos por una secta de antiautomovilistas depravados. La cuestión es ¿qué pasaría con los ciclistas, los peatones, las aceras, los cascos, las ordenanzas y las leyes si no hubiera tantos coches?

¿A qué viene eso si no vamos a poder quitarlos? Pues sencillamente a tratar de analizar la realidad y la estrategia deseable sin trabajar condicionados por la predominancia y la prepotencia que le hemos concedido al automóvil. ¿Por qué? Porque es el propio automóvil y su uso excesivo el que supedita y coarta cualquier planteamiento y el que condena muchas veces a priori la objetividad y la neutralidad de las líneas de actuación posibles. Sólo si somos capaces de concebir la tesitura en la que nos encontramos y las propuestas que nos gustaría formular para sentar las bases de nuestras relaciones y nuestras ciudades en el futuro sin la influencia devastadora y fenomenal de los automóviles, estaremos en disposición de hacer algo que merezca la pena. Si no, siempre estaremos concediendo el dominio al automóvil y proponiendo actuaciones marginales. No es tanto una cuestión de ser valientes como de ser consecuentes.

Si queremos que caminar y utilizar la bicicleta se conviertan en modos preponderantes en la movilidad urbana ¿por qué no somos capaces de visualizar las condiciones objetivo y seguimos dejándonos influenciar tanto por los condicionantes presentes?

Mackinac, "la ciudad sin coches" - Foto tomada de Wikipedia

Por ejemplo: en todo lo tocante a la circulación y el casco. ¿Por qué seguimos consintiendo e incluso promoviendo un estilo circulatorio denigrante para las bicis y para los peatones? ¿Por qué seguimos aceptando las vías ciclistas que se siguen perpetrando en nuestros municipios? ¿Por qué seguimos tragándonos estadísticas de accidentalidad y seguimos protegiéndonos como si fuera algo inevitable o fuera propio de nuestra actividad? ¿Por qué no nos estamos rebelando como peatones y como ciclistas ante semejante ignominia? ¿Por qué seguimos tragando con argumentos como el del miedo, el del peligro y el del riesgo si ninguno de ellos está provocado por los modos de desplazarnos que hemos elegido sino por lo coches?

¿Hasta cuándo vamos a mantener esta actitud abyecta y condescendiente con la forma de vivir que nos está haciendo la vida imposible?

No hay que irse hasta la Isla de Mackinac en Michigan para comprobarlo. Cualquier ciudad en fiestas es un ejemplo más que suficiente de que otro orden de cosas es posible. La mía lo está ahora y es una gozada.

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