lunes, 2 de enero de 2012

Choque frontal de bicicletas ¡en la acera!

Es como un chiste malo, si no fuera porque es verdad. Después de dedicar más de la mitad del espacio en este blog y en otros espacios de comunicación alertando sobre los peligros, las amenazas y las terribles consecuencias de este estilo de ciclabilidad que se ha puesto de moda en este país, consistente fundamentalmente en apartar a los ciclistas del tráfico y discriminarlos a las aceras y carriles bici infames, hoy se ha producido la noticia que nunca tenía que haberse producido.

Dos ciclistas circulando por una acera de una pendiente, visibilidad y anchura comprometidas para ser compartida no ya con peatones sino siquiera entre peatones. La escena ya de por sí se las trae, en una vía urbana con la velocidad limitada a 50 kms/hora y convenientemente sobredimensionada para el tránsito motorizado, donde las aceras son poco más que pasillos. Nunca se ha registrado un atropello a un ciclista en esta carretera hasta donde alcanza la memoria. Sin embargo el Ayuntamiento de esta ciudad decidió que los de las dos ruedas a pedales no convenían en uno de los accesos estratégicos y decidió confinarlos en una acera bidireccional de apenas 2,5 metros para todos los que no lleven motor. Así de paso convertían el acceso en una autopista urbana de primera. De hecho hizo la misma operación en todos los accesos en cuesta al centro de la ciudad.


Ver mapa más grande del lugar de los hechos

Pues eso. Van esos dos ciclistas en un alarde de la estupidez y la temeridad más absoluta y colisionan. Golpe frontal. Terrible. Y además se dan un coscorrón de narices y, los dos sin casco, se quedan aturdidos en el suelo. No median palabras. No pueden mediar. Es el colmo. Son el colmo. Ellos, allí accidentados, con las bicis averiadas, en el suelo, en la acera. No quiero saber cómo miraban los conductores que circulaban por la calzada, ni los comentarios que suscitaron. Tampoco quiero saber qué pensaron los peatones que tuvieron la oportunidad de presenciar el suceso.

Es demencial. Esa es la seguridad de las aceras. Ese es el peligro del tráfico. Sigamos inventando fórmulas imposibles, sigamos jugando a los caminitos relegando a los peatones mientras dejamos toda la calzada para los coches y sigamos sufriendo las consecuencias de nuestra estupidez y de nuestra cobardía de afrontar el verdadero problema. Seguiremos haciendo crónica, desgraciadamente, de ello. Para que quede constancia.

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