miércoles, 13 de julio de 2011

El cepo protector

Hoy os voy a contar una historia. Es la historia de una persona que se había comprado una flamante bicicleta para su uso urbano, después de que le hubieran robado anteriormente otras tres. Una persona que, ya de por sí, rompía esas estadísticas que dicen que entre un 25 y un 30% de las personas a las que les roban la bici no vuelven a comprarse una. Era una persona feliz, estaba orgullosa y disfrutaba de su nuevo vehículo cada día, cada paseo, cada viaje. Como en una película...


Hasta que hace cosa de una semana. Cuando se disponía a realizar uno de sus desplazamientos habituales... vió que la bicicleta que había dejado candada le había desaparecido. ¿Quéeeeeeeh? Un escalofrío recorrió su cuerpo. Una mezcla de rabia, impotencia, pena y ansiedad. Un "ahora qué hago yo". Son momentos de desorientación, de vacío. ¿Por qué no habría comprado un candado 20 euros más caro que me garantizara mayor seguridad aunque pesara un poco más? ¿Cómo he sido tan confiado de haber dejado tanto tiempo la bici aparcada aquí? o ¿Quién será el cabrón que se dedica a robar bicis?

Tras unos minutos en esas cuestiones, se fue andando a donde iba a ir, por suerte, cerca. Se sentía un inválido sin su bicicleta, maldecía su suerte. Pasaron unas horas. Estuvo sopesando denunciar el robo. Lo tenía todo: una descripción detallada, una factura con el número de serie del cuadro... y sin embargo, cuando se disponía a hacerlo y ya estaba en las dependencias de la Policía Municipal, decidió preguntar primero en el depósito de vehículos, donde se recogen también las bicicletas que se dejan abandonadas en la ciudad y que rara vez son reclamadas por sus dueños.

Así era
Así quedó
Como prueba tenía la esperanza que le sirviera la tenencia de la llave del "cepo", ese candado de cuadro que tan insistentemente le recomendaron donde se la compró, como algo realmente práctico.

Con la mejor cara de buena persona se presentó ante el funcionario que gestiona el depósito y cuando fueron a ver las bicis ¡zas! ¡Ahí estaba la suya! Casi intacta. Se acercaron. Nuestro protagonista se emocionó. El funcionario se quedó impresionado del sentimiento. Pero quedaba por ver si valía la prueba. ¿Estaba el cepo? ¡Por supuesto! Aunque había sido forzado, no habían conseguido violarlo y continuaba abrazando la llanta tenazmente. Probó la llave y giraba, aunque el candado no se podía abrir completamente por el maltrato que había sufrido.

Salió ufano, obnubilado, incrédulo todavía de la eficacia de aquella herradura fiel que había aguantado el ataque de los ladrones. La rueda estaba tocada, el cuadro tenía unos cuantos golpes, pero, en general, la bici estaba impecable. Nuestro hombre se apresuró a llegar a casa y llamó rápidamente a la tienda donde la había comprado para contarles su peripecia y poder rehabilitar su bicicleta. Cuando le cogí el teléfono aún estaba alterado, con la respiración entrecortada, emocionado y, sobre todo, agradecido.

-- El cepo me ha salvado, el cepo... ¡gracias!

Hoy ha llegado otra persona a la que también habían intentado sustraer la bicicleta y que tenía otro de estos artilugios instalado. Han cedido las bridas de sujeción, pero el cepo ha continuado bloqueando la rueda y el ladrón la ha dejado unos metros más adelante. El dueño de la bici sonreía.

-- No es la primera vez que me pasa. Estos cacharros son una gozada.

Yo llevo 15 años usando estos inventos que en paises como Holanda, Dinamarca, China o India son absolutamente universales y creo que es uno de los sistemas que mayor utilidad ofrece para el que, como yo, utiliza la bicicleta para hacer todos sus recados. Hay sistemas más seguros, hay otros complementarios, pero este está siempre ahí, en la bici, integrado, con su llave residente. Es como el arranque y el freno de mano. No me imagino ir a por mi bici de reparto y no palparme el bolsillo para comprobar que tengo la llave. Me da seguridad.



No esperes que el cielo proteja la integridad de tu bicicleta y garantice el disfrute de tus futuros paseos en ella y hazte con un buen candado si vas a dejarla en la calle sola, aunque sea un minuto. Si la quieres, protégela. Merece la pena.

2 comentarios:

  1. Mi bici de paseo venía con uno de estos y es una de esas cosas que valoras la primera vez que le das uso.
    Te da la tranquilidad de poder entrar a cualquier establecimiento un momento o sentarte a tomar algo despreocupadamente en una terreza con la bici al lado. Rápido y eficaz. Y cuando atas la bici en la calle te olvidas de la necesidad de agarrar la llanta trasera.
    salu2!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola. Me acabo de comprar este candado en amsterdam, y claro no viene instrucciones, no se como se pone, ¿Me podrian ayudar?

      Eliminar