viernes, 29 de abril de 2011

Un día como hoy... hace 20 años

Hoy toca efemérides. Yo, que soy de memoria frágil y selectiva no puedo tener en cuenta las fechas. Por eso me resulta tan sorprendente que la gente que me rodea se acuerde de las cosas con precisión, con todo lujo de detalles.

- ¿Sabes qué hacías tú un día como hoy hace 20 años?

El que me lo ha preguntado hoy, a media mañana, es un viejo compañero de aventuras.

- No sé ¿estaríamos metidos en algún marrón?
- ¡Exacto! El 27 de Abril de 1.991 estábamos en la Estancia Laguna Amarga a pocos kilómetros del Paine.


No he podido dar crédito. ¿20 años? ¡No puede ser! He esperado a llegar a casa y he corrido a revisar el cuaderno de bitácora de aquel periplo, el primer gran viaje en bicicleta en el que nos embarcamos.

Efectivamente. Recojo el artículo de aquel día, que se me antoja especialmente lejano visto en perspectiva.

La vida en una estancia... fuera de temporada

(aunque no sé si mi corta experiencia me da permiso y categoría para tratar un tema de semejante envergadura)

Esta última semana nos ha tocado visitar varias estancias. Algunas las hemos buscado, otras simplemente han salido a nuestro paso. En unas nos han invitado sin siquiera pedirlo, en otras casi hemos tenido que suplicar que nos atiendan. En unas el trato ha sido familiar, en otras, para cuando nos han dirigido la palabra, la sensación de intrusión se había hecho demasiado evidente.


En estos meses de otoño, prácticamente no hay trabajo. Juntar algun rebañito, marcar el ganado, esquilar la cara al ovino, carnear para consumo, cargar cuero para vender, separar ganado para vender lo mismo, pero poca cosa. Alambrar, también.

No hay demasiado personal en las estancias, varios de los barracones o casetas en las más grandes están vacías. Hay los trabajadores mínimos para mantener la estancia. Así que los "viejos" se dedican a hacer estas labores y a esperar a la llamada del cocinero:
  • 1ª llamada: Desayuno.- A las 8 en Argentina, 7 u 8 en Chile. Se desayuna té o café con pan o pan frito, dependiendo de las existencias.
  • 2ª llamada: Almuerzo.- Se almuerza temprano, 12 ó 12:30. La comida suele ser invariablemente: sopa de carne con pasta, asado con papas, fideos, ensalada, arroz, lentejas, porotos, té, pan... Se puede repetir de todo y muchas veces, hay que hacerlo por insistencia de los comensales. Por supuesto, siendo un viajero en bicicleta, viene bien darse buenos atracones en previsión de tiempos peores. Tanto la sopa como el asado se pueden condimentar con ají chileno, como con peoré, que le dan un sabor muy particular a la comida. Condimentos muy populares por acá son la pimienta y el orégano, que se emplean en cantidades industriales. Igualmente, algunos cocineros usan laurel.
  • 3ª llamada (no siempre): Té.- A media tarde hay otro receso a la hora del té. Un tecito o cafecito con pan... y de nuevo al "laburo".
  • 4ª llamada: Cena.- A eso de las 8 de la noche. De mismas características que la comida. Se cena abundante.
  • El mate, se puede tomar a cualquier hora: nada más despertarse, antes de comer, después de comer, antes de cenar, después de cenar... Es típicamente argentino, aunque en Chile se toma lo mismo y la misma yerba argentina sale más barata al otro lado de la frontera. Paradojas de la economía argentina.
  • Aparte: Churrasqueo.- A veces con el desayuno, otras a media mañana. Carne asada. Ya se sabe, la carne, en las estancias, a cualquier hora.

Conversación, bromas y radio: tres ingredientes de la vida cotidiana de los gauchos, que, a pesar de la dureza de su trabajo, hacen gala de un envidiable sentido del humor y no son tan malhablados como uno pudiera imaginarse (no se por qué). Dura vida la del gaucho y mal pagada. Cobran realmente una miseria para lo duro que es el trabajo, aunque tienen la manutención pagada y su condición de internado les impide hacer gastos fuera de los pocos fines de semana que se acercan a la ciudad. Son gente sencilla, muchos de ellos chilenos en Argentina, por el argentino es vago por naturaleza. No se quejan demasiado, aunque siempre están dispuestos a cambiar de patrón si el sueldo es mejor.

Fotos: Vincenzo Mazza

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