miércoles, 9 de febrero de 2011

"Biciconistas": loco es poco

Hoy ha sido un día intenso. Después de dar tres charlas consecutivas a más de 150 jóvenes estudiantes he tenido que salir corriendo porque se me ha presentado una oportunidad de hacer una escapada a Europa y no he querido desaprovecharla.



Me escapo, que no huyo. Aunque a veces dan ganas de hacerlo. Y no precisamente por el panorama que presenta nuestra juventud, no. Ellos simplemente son los productos de los intereses creados dominantes. No es culpa suya. Y además están dispuestos por lo menos a discutirlo. Todo. Hasta aquello de lo creen estar convencidos. Es emocionante.

"Biciconistas": adoradores de los iconos bici

El problema está más entre los otros. Los "biciconistas", aquellos que son capaces de defender cualquier cosa si incluye un símbolo de una bicicleta y que les deslumbra toda la iconografía aparejada a ello, sea lo que sea y sirva o no sirva. Dan igual carriles bici, aceras pintadas, bicicletas públicas o un chaleco reflectante con una máxima ciclista. Son esos que entonan eslóganes como "Carril Bici Ya!" o "Una Bici Más, Un Coche Menos" con la alegría de oir cómo suenan, sin saber exactamente qué significan.

Esta gente es peligrosa, porque no hay nadie más peligroso que aquel que el bienintencionado, porque no tiene conciencia. Leo en este aeropuerto, desde el que voy a saltar hacia otra parte del mundo, la noticia de que el grupo "biciconista" de mi ciudad la "Asociación Medios de Transporte Saludables" (AMTS) está impartiendo unos talleres para aprender a andar en bicicleta. Esto, que en sí mismo debería ser positivo, que la gente que no saber andar en bici tenga la oportunidad de hacerlo, interpretado por los bienaventurados del "todo vale" se convierte en algo siniestro.

Dice la noticia que el curso constará de una parte teórica y de tres clases prácticas que consistirán en recorridos por la ciudad, utilizando los carriles bici, las aceras, las carreteras y las zonas peatonales. En ese orden, y con el descaro y la naturalidad propia del que está convencido, enseñarán a los infaustos participantes a andar en bici hasta por las aceras. Terribles.

Ahondando más en la crónica, el taller va dirigido a mayores de 16 años que sepan andar ya en bicicleta. La organización aporta la bicicleta para realizar el curso y los inscritos deben llevar el casco y las protecciones correspondientes. El colmo. Es decir, no enseñan a andar en bici porque va dirigido a gente que ya lo sabe hacer, tampoco te enseñan a dominar la tuya, porque te proveen de una (pública, para más señas). No. Te ayudan a reinterpretar "el nuevo orden establecido", el de los carriles indescifrables e intransitables, el de las aceras invadidas de una manera desaprensiva, eso sí, con tu casco y tus protecciones correspondientes, elementos que, además de no ser obligatorios, está demostrado que desnaturalizan y desincentivan el uso de la bicicleta.

No contentos con esto, recordarán aspectos tan discutibles como el equipamiento necesario para andar en bici en la ciudad o la normativa legal de una ciudad que ha sido temeraria a la hora de interpretar el término "ciclabilidad" de una manera segregacionista y oportunista.

Todo ello para 12 personas y con la bendición, claro está, del Consistorio pamplonés. El mismo que el año pasado, en la Semana Santa de la Movilidad recibió de AMTS el premio en reconocimiento a su labor por el fomento de la bicicleta. Sí, has leído bien: una asociación premiando a un ayuntamiento.

Con este panorama, ¿a quién no le darían ganas de huir? Con este tipo de asociacionismo zombie colaboracionista, anticrítico, legitimador del chapucerismo, poco representativo y miserable, ¿a quién no le apetecería dejarlo todo y abandonar?


A mi, que no lo sabía cuando me propuse esta escapada, sin embargo, me hace gracia y me ayuda a trabajar de una manera más determinada en la dirección en la que nos hemos marcado que es: seguir abriendo espacios de reflexión, de diálogo, de crítica constructiva y de evolución en los distintos foros en los que tenemos acceso. Sin más.

Un saludo. Me voy a respirar otros aires para no ahogarme demasiado con el ambiente viciado del provincianismo atrevido, negligente y miope.

1 comentario:

  1. Literalmente: Me llevo las manos a la cabeza y dejo que se escurran por la cara. Este gesto en mí es una mezcla de hastio, crispación y desesperanza profunda. Hastio porque ya hay otra asociación más (con todo lo bueno y lo malo que eso tiene) encargada de incentivar, promocionar, divulgar, gestionar, regular, y otros cuantos infinitivos de las tres conjugaciones, aspectos que tienen que ver con el placer, con el disfrute personal, com mi forma de enfocar la vida, la emoción de estar vivo... Basta, como sigamos así vamos a crear una asociación para que nos marque el ritmo pelviano en los días en los que el coito esté permitido y recomendado. Crispación porque la gente participe, colabore y se deje arrastar por estos "abanderados de las causas justas"; me pongo de los nervios: los borregos "pa el esquile". Desesperanza profunda en que la especie mejore y aprenda a pensar de manera autónoma e individual. Ir en bici es solo eso: desplazarse con un vehículo llamado bicicleta. Aprioristicamente no es más. Ahora bien, cada uno llena ese gesto con sus emociones, con sus justificaciones, ... con sus pulmones, sus piernas y su corazón. Antes que otra cosa es una vivencia personal y por lo tanto individual. No termino de ser partidario de todas estas grandes "fiestas de promoción". A cabo del año haré poco más de 6.000 km en bicicleta de montaña. Monto en ella todos los dias que no diluvia para ir al trabajo, a la bibilioteca, al super, ... Está en mi ocio el fin de semana, y todos los años nos reservamos 2 semanitas de vacaciones para hacer un viaje juntos. Estoy casado, no tengo coche y voy a cumplir 40 en noviembre. Aprendí a montar en bici con 15 y no tuve mi primera bici hasta los 27. Nunca asistí a una fiesta de promoción de la bici, ni mucho menos a un "cursito". Aprendí cogiendo a escondidas la bici de un amigo porque me daba vergüenza que me vieran con 15 añazos y 1.80 m dándome calamonazos contra el suelo. Cuando se tiene un flechazo, cuando el amor por alguien o por algo prende dentro de tí, se convierte en una pasión, en una emoción, en una búsqueda constante de repetir la sensación de placer, que no se pierde y que reverdece cada tiempo. La lectura, apreciar la música, degustar un vino o un atardecer (ya lo sé: topicazos; pero qué se va hacer), montar en bici o en las caderas de tu novia, no creo que sean sensaciones que se puedan aprender en un taller, cursito, tralarí tralará. Si tienen más de 16 años, saben montar en bici y tienen un casco (¡y coderas!), ¿no será, que no sienten lo que yo sentía cuando conseguía hacer 50 metros sin poner parte alguna de mi cuerpo en el camino de tierra de detrás de la casa de mi amigo Elías? si lo llegaran a sentír no haría falta quien les pusiera un sillín bajo sus posaderas. Ya harían ellos por procurárselo.
    PD: Es curioso, esta tarde por casualidad he descubierto este blog; he pasado un buen rato leyendo algunos de sus interesantes entradas y ampliando conocimientos y reflexiones; coincidiendo con gran parte de lo que su autor expresa. Y no por ello siento la necesidad de organizar una quedada conjunta, ni de reunirnos todos los jueves por la tarde cada dos semanas, ni de pagar una cuota para poder visitar este blog, ni de que compartamos apartamento en vacaciones. Rehuyo de estas "hermandades virtuales" entorno a una afición. Ni tan siquiera tengo la tentación de agradecer a su autor por este blog; porque intuyo que lo hace por esa emoción de la que hablo más arriba. Y si no es así, así me lo parece. Saludos

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