jueves, 27 de febrero de 2014

Ahora ya puedes dar por el QR

La presión progresiva a la que estamos sometiendo a nuestros sufridos automovilistas está generando un malestar comprensible entre los que han representado el bastión del desarrollo durante las últimas décadas que les ha sumido en una esquizofrenia de incomprensión en la que va tomando cuerpo una rebeldía que alberga la opción de la insumisión como lógica.

Si esa gente que aceptó en su día el reto inmobiliario y automovilístico de la dispersión como la mejor elección posible y se entrampó en ello para el resto de su vida con todas las consecuencias, satisfecha por estar haciendo las cosas bien y de acuerdo a lo que los tiempos exigían, ahora se encuentra con que las nuevas tendencias urbanoides apuestan por procurar desincentivar el uso del coche, es lógico que se rebelen. Y es lógico también que vayan haciendo sus apuestas y sus propuestas por mantener el desorden establecido.


Por eso hay que trata el tema de la sostenibilización de la movilidad con una cierta prudencia, porque si no nos podremos encontrar que a los mismos parroquianos a los que les vendimos hace unos pocos años una casa  allá donde daba la vuelta el viento y su correspondiente coche como único medio de acceder a ella, ahora pretendemos proponerles que renuncien a su fórmula porque se nos ha ocurrido otra mejor. ¡Ja!

Por eso también es comprensible que los sufridos automovilistas se defiendan y promuevan herramientas para trampear las dificultades que se les están presentando en el centro de las ciudades, sobre todo en lo que a aparcamiento se refiere. La aplicación de hoy lo que propone es la segunda fila cordial a través de una App que lee un código QR que el automovilista cordial infractor pone visible en su ventanilla para que el automovilista cordial damnificado al que le ha dejado bloqueado le envíe un mensaje y así arreglen cordialmente las cosas como personas civilizadas que son. ¡Ja, ja!



Que sea ridículo no quiere decir que no sea admisible. La insumisión siempre es una opción, si es organizada, cordial y con tecnología app, entonces igual es hasta conveniente y es igual de legítima que la opción del conquistador de barrio en bicicleta que proponíamos hace unas semanas. ¡Ja, ja, ja!

Además le da dignidad al practicante compulsivo de la segunda fila, que hasta hoy ha sido un personaje demasiado vilipendiado por propios y extraños. ¡Jua, jua, jua!

No quiero imaginar qué utilidad le pueden sacar al invento los empleados de la zona azul o los propios policías municipales.

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