domingo, 7 de abril de 2013

Tarde, mal y nunca

El otro día ConBici firmó la declaración de derechos de los peatones en la acera ante la inminente invasión de sus espacios conocida como "La acera es peatonal", después de muchos titubeos y unos cuantos desplantes, con ninguneo incluido, hacia los que representan la verdadera masa crítica de la movilidad sostenible, saludable, amable y sociable que no son otros que los peatones.

Se conoce que han decidido echarse a los peatones a la espalda ahora que les vienen bien para fortalecer sus posiciones en un momento especialmente crítico como el que estamos viviendo en este complicadísimo parto de una normativa que favorezca la práctica ciclista.


Tarde

Ahora, cuando el fervor de la construcciòn de vías ciclistas en plataformas peatonales ha quedado estrangulado por la crisis, ahora, cuando la connivencia de la que han gozado los ciclistas en la mayoría de las ciudades ha servido para demostrar su prepotencia y para normalizar la circulación por aceras, ahora, cuando la gente que circula por las aceras ha conseguido demostrar que era posible hacerlo ignorando la ley y el respeto al prójimo, ahora, "amigos de la bicicleta a cualquier precio", ahora es demasiado tarde.

Mal

Porque el mal está hecho y sigue sin quedar claro que se quiera deshacer, porque se sigue viendo como un mal necesario, un daño colateral que deberán soportar los peatones hasta que los "ciclistas anti-calzada" consigan que su anhelada red de ciclovías cosa toda la ciudad hasta los rincones más insólitos y menos circulados. Al menos así lo expresan sus máximos representantes una y otra vez.

Nunca

Y es que nunca deberíamos haber llegado a este extremo, a este camino sin salida, porque las cosas se deberían haber negociado antes de habernos sentido entre la espada y la pared. Porque ahora no son creíbles estos giros, mientras sus cabezas más visibles siguen justificando la seguridad de las aceras y el peligro de compartir la calle con los coches, a los que ni siquiera las condiciones de calmado de tráfico les bastan.


Lo que pasa es que en este país nos gusta hacer las cosas así: sobrevenidas, con el agua al cuello, de manera desesperada, improvisada, forzada, atropellada, irreversible. A todos. Desde los responsables políticos y técnicos, pasando por los representantes de la presunta sociedad civil, hasta los ciudadanos. Hasta que no nos sentimos acosados y hasta que no vemos peligrar nuestro estatus, nuestra comodidad o nuestros privilegios, nos gusta mirar a otra parte e ignorar el mundo. ¿Cuándo dejaremos de hacerlo?

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