domingo, 19 de febrero de 2012

Sobran coches en la calle

Hoy la noticia es que los aparcamientos subterráneos de mi ciudad, como los de tantas otras, tienen un nivel de ocupación medio inferior al 50% entre semana, lo cual hace que las compañías que los gestionan se afanen en proponer ofertas realmente agresivas para tratar de captar clientes casi a cualquier precio.


Esto que en sí mismo no debería aportar más información que la del fracaso de otra de las grandes operaciones inmobiliarias y de gestión de la movilidad urbana conlleva otra cuestión implícita.

¿Por qué seguimos dejando aparcar a los coches en superficie?

¿Qué pasaría si, para empezar, el aparcamiento en superficie fuera muchísimo más caro que el subterráneo? Sería razonable, dado que el espacio que se ocupa es de mucho mayor valor que el subterráneo. Hay toda una serie de consecuencias inmediatas a la hora de establecer la tarificación del aparcamiento en los centros urbanos:
  • Por un lado están los intereses de la zona de aparcamiento restringido: expectativas de los comerciantes, creación de empleo, suculentas contratas y financiación municipal.
  • Por otro lado está la idiosincrasia, por no llamarle vicio, de muchos conductores que siguen intentando aparcar en la puerta de su destino aunque sea pagando el doble.
¿Y qué pasaría si, después, en los lugares donde hay plazas de parking subterráneas disponibles se prohibiera aparcar en superficie?
  • Se recuperaría un espacio de primera calidad en lugares céntricos.
  • Se reduciría increíblemente el tráfico inducido por la expectativa de aparcamiento que aportan las zonas azules (o verdes dependiendo de las ciudades).
  • Se podrían peatonalizar muchas calles, mejorando su fisonomía y sobre todo su seguridad, e incrementando los espacios relacionales.
  • Se mejoraría la potencialidad comercial de dichas zonas.
  • El centro de la ciudad ganaría atractivo para sus habitantes y para sus visitantes.
  • Aunque todo ello contaría invariablemente con la oposición cerrada de los comerciantes y vecinos de las calles afectadas.
¿Por qué no se hace? 

Pues simplemente porque hay muchos intereses creados alrededor del flujo y del reflujo de los coches por la ciudad. Intereses injustificados, hábitos enfermizos que no se quieren combatir, ilusiones enquistadas de muchos comerciantes, derechos consolidados de muchos vecinos, creencias infundadas acerca de la imperiosidad de poder acceder a algunos rincones necesariamente en coche y falta de valentía por parte de unos responsables municipales atrincherados en la gestión del tráfico más que en la seguridad vial y en la cultura del miedo más que en la cultura relacional.

No me gustaría saber qué piensan de todo esto los concesionarios de esos aparcamientos subterráneos, con prometedores contratos plurianuales, intentando optimizar este negocio. Tampoco es mi mayor preocupación.

Muchos aparcamientos subterráneos se han implementado con mucha polémica por la especulación y la inducción de tráfico que entrañaban y la cultura de movilidad que conllevaban. Pero, una vez realizados, no se entiende que se consienta esta infrautilización, alimentando paralelamente el deterioro de las calles sobre las que se asientan permitiendo la circulación masiva y el aparcamiento de rotación.

Se me ocurre que se podría proponer la sustitución de muchas plazas de parking vacías por plazas de aparcamiento de bicicletas a dos alturas seguras y vigiladas al precio proporcional al espacio ocupado como prueba piloto, pero me temo que esto sonaría a mofa municipal después de las promesas incumplidas de los mismos que vaticinaban que enterrar coches era otro gran negocio.

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