viernes, 19 de agosto de 2011

Yo también controlo

Ayer denunciaba la actitud negligente y consentida de muchos conductores que menospreciaban el riesgo de mezclar colocón, trasnocheo y coches, bajo la máxima del "Yo controlo" que tantas víctimas inocentes y culpables se cobra, sobre todo en verano.

Hoy toca hacer revisión de las filas ciclistas, ya que entre los nuestros también hay muchos que creen que la ley no está hecha para ellos y que son poco menos que la excepción que confirma esa regla. El "Yo controlo" también se practica a bordo de bicicletas, y no sólo porque en ellas se puedan eludir de alguna manera los controles de etilometría (aunque estén afectas a ellos). El "Yo controlo" en bici es algo más sutil, desde luego menos peligroso para el resto de los usuarios de las vías de tránsito, pero desgraciadamente mucho más frecuente y menos perseguido que su homónimo motorizado.


Todos hemos conocido el caso de algún desgraciado que andaba dando tumbos con su bicicleta después de haberse ido de farra y los vigilantes de la ley le pararon y le denunciaron por ello. No son estos los más preocupantes aún aquí (en otros países por desgracia esto es mucho más común y por tanto más grave). Los que preocupan son aquellos para los cuales la bicicleta exime del cumplimiento de cualquier norma escrita o tácita. Estos son los que más han proliferado entre nosotros. Los intocables.

El otro día reflexionaba levemente sobre las causas de ello y me sorprendían algunos comentarios que alegaban el "Yo controlo" como motivo para inclumplir algunas normas, sobre todo relacionadas con el respeto a los semáforos.

No quiero entrar en los detalles, yo no estoy libre de pecado ni soy un purista que cree que unas normas concebidas bajo una lógica automovilística sean las más deseables para el buen desarrollo ciclista en la ciudad y fuera de ella. Creo en algunas maniobras de supervivencia y en algunas "trampas" sencillas para ganar seguridad. Pero creo, mucho más que en esas excepciones, en que las normas están para ser cumplidas, que el orden es necesario para la convivencia y que a los energúmenos, a los temerarios y a los listos que creen que eso de la ley es para los demás hay que perseguirlos y hacerles comprender que transgredir el código no sólo tiene un precio para ellos sino que tiene unas consecuencias para todos los demás.


Así pues, a todos esos que andan tocando el timbre o la moral alegremente por aceras, paseos y otras zonas peatonales, a los que se saltan los semáforos y no respetan los stops y las preferencias de paso, a los que circulan a contramano y a los que practican el slalom a bordo de sus bicis con una sonrisa, con un colega o con cualquier otra excusa (prisa, conocimiento del medio o extrema pericia en la conducción) palo sin misericordia.

Claro que hay cosas que se pueden cambiar y que habrá que cambiarlas, pero inclumplir las normas porque sí nunca ha sido el camino y la insumisión o la objeción del código de circulación y, peor, de los códigos cívicos no escritos de respeto y entendimiento entre los usuarios de los espacios públicos debe ser una máxima entre los que utilicen la bicicleta.

Así que no vale ni el "Yo controlo" ni el "Yo respeto a los ciclistas" hay que reivindicar el "Yo, ciclista, respeto"... y, a partir de ese punto, plantear la revolución, si es que es necesario plantearla.

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