jueves, 19 de mayo de 2011

¡Mamá, hay una bici en el balcón!

- ¿Quéeeeeeeee?
- Sí, mamá, he salido a mirar y me la he encontrado.
- ¿Y está viva?
- No, parece que está muerta.
- Ten cuidado hijo, puede ser muy peligrosa.
- Oye mamá ¿y cómo ha podido llegar ahí?
- No lo sé. Creo que fue una ocurrencia de tu padre, cuando creyó que por comprar uno de esos monstruos se iba a poner en forma o algo así.
- Ah.... ya.

No es una conversación real y los personajes reproducidos en este relato no se corresponden con ninguna persona real en concreto... y con demasiadas en la realidad.

¿Quién no tiene una bicicleta abandonada en el balcón?

¿O en un cuarto, en un local, en el pueblo? Y ¿por qué ocurre esto? ¿Quizá porque es demasiado fácil comprarse una bici, o dos, y resulta mucho más complicado si no se cuenta con las facilidades para hacerlo? Conozco todo tipo de "soluciones" que utilizan los ciclistas asíduos, los de todos los días: desde tenerla en el trastero (los afortunados que cuentan con este tipo de comodidades), pasando por guardarla en casa, en la entrada, en el pasillo, en el dormitorio, en la sala, en la escalera, en el descansillo, en el portal, en la calle, en un local compartido o ¿por qué no? en el balcón.

Bicicleta "vigilada" en un balcón de Pamplona

Para muchas personas es una auténtica penitencia utilizar la bicicleta a diario por las incomodidades que les produce y que produce a los demás. La bicicleta ocupa espacio, mancha, deteriora los marcos de las puertas... Y aún así hay mucha gente que supera estas penurias y sigue testarudamente usándola todos los días.

Bicycle/balcony by gdelargy

Cuando hablamos de hacer ciudades más amables para bicicleta todos visualizamos espacios exclusivos en la calle, aislados, apartados, seguros, fantásticos, pero nadie, absolutamente nadie reclama espacios cómodos y seguros para guardar la bicicleta o para aparcarla en los distintos destinos concurrentes y recurrentes a los que nos lleva. Somos así, capaces de proponer costosísimas obras públicas que reconfiguran la distribución del espacio común urbano sin hacer un estudio para valorar su conveniencia, su necesidad, su seguridad y su funcionalidad, y dispuestos a obviar lo que es sin duda el principal obstáculo para utilizar la bicicleta: las incomodidades derivadas de su posesión. Somos incluso capaces de inventarnos una costosísima y complicadísima solución para evitar esos problemas antes de tratar de solucionarlos: las bicicletas públicas. Parece que nos regalan el dinero.


Se han hecho diversas campañas para tratar de rescatar esas bicicletas abandonadas para "re-ciclarlas" y así posibilitar a otros usuarios utilizarlas, pero hay pocas, muy pocas iniciativas serias y potentes para tratar de resolver este problema en profundidad. Somos capaces de excavar buena parte de nuestra ciudad para conseguir espacio donde no había para nuestros amadísimos coches y sin embargo, nos parece una locura procurar unos pocos metros cuadrados, o cúbicos, para guardar nuestras bicicletas.

Las bicicletas siguen siendo pobres

Seguimos pensando que las pobres bicicletas no se merecen el mismo tratamiento que nuestros sobrevalorados automóviles, porque son baratas... porque somos baratos y pobres cuando pensamos en ellas hasta las últimas consecuencias.

¿Hasta cuándo seguiremos pensando que sólo haciendo improbables carriles bici estaremos mejorando las condiciones para utilizar la bicicleta en la ciudad? ¿Cuándo tendremos una visión más integral de la bicicleta como vehículo?

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