domingo, 15 de mayo de 2011

Andate... ándate

Así amenaza amistosamente un amigo mío. Es una forma de decir "anda con cuidado, que si no..." Hoy he leído la nota que escribía una ciclista agredida por un peatón en Pamplona cuando circulaba por una acera en una calle con uno de los carriles bici más discutidos y más discutibles de esta ciudad.

¿Mala suerte? ¿Suceso excepcional? Sí y no. Está claro que no toda la gente es así, ni siquiera en esta ciudad tan hermética y tan primaria. Pero está igual de claro que cada vez hay más crispación en esta sociedad. La convivencia se ha desgastado y cada vez más gente se muestra intolerante respecto a los derechos y permisividad de los que gozan los ciclistas. Los improperios, las amenazas y los ataques provienen de todas partes: hoy es un peatón, el otro día era un automovilista.  Es lo que tiene la calle, que permite a la gente interactuar, para bien y para mal.


Pamplona es la ciudad española con más kilómetros de carril bici por habitante. Carril bici por llamarlo de alguna manera, ya que en este saco se mete todo tipo de desmanes, de deficiencias y de vergonzosos ejemplos de atrevimiento al habilitar presuntas facilidades ciclistas muchas de ellas prácticamente imposibles de transitar. En esta "conquista" el gran damnificado ha sido el peatón, al que se ha desprovisto de sus derechos más elementales, se ha restado espacios y se ha condicionado excepcionalmente la forma de transitar contradiciendo los principios del Pacto de Movilidad y el propio Plan de Ciclabilidad de esta ciudad.

Así pues, no es extraño que haya mucha gente que se muestre intransigente con algunos ciclistas indolentes. No trato con esto de justificar la actitud reprobable de este energúmeno, pero está claro que, después de estos años de incontinencia municipal, los que utilizan la bicicleta se ven acosados por dos grandes mayorías, por dos grandes poderes. Por un lado, unos automovilistas que han visto reconocida su prepotencia y su preeminencia en la calle, y por otro, unos peatones que se han visto agraviados y acosados por este nuevo orden de cosas.


Cuando hace unos meses reclamaba la necesidad de aprender a andar con la bicicleta en la mano, trataba de evitar este tipo de situaciones indeseables. Es una anécdota desgraciada, pero debe ser un aviso para navegantes. La calle no es un campo de batalla, es un lugar de encuentro, donde el entendimiento hay que construirlo entre todos y donde los derechos no deben servir para agredir al prójimo. Nos queda mucho por hacer... entre todos.

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