lunes, 23 de marzo de 2015

La necesaria deconstrucción del "cochismo"

Bicis, bicis, bicis. Sólo queremos bicis. Nos parece que es suficiente con animar a la gente a utilizar las bicis, esas que tienen abandonadas en balcones y trasteros, o venderles unas nuevas, públicas o privadas, y que prueben. Eso les convencerá y les abrirá los ojos hacia una opción de movilidad que sólo es minoritaria porque no hemos evangelizado suficientemente a la población. Porque las encuestas de movilidad, esas en las que la gente se hace propósitos de cambio (que luego muchas veces no cumple), así lo indican.

Más bicis que justifiquen más carriles bici o, casi mejor, más carriles bici que induzcan a más ciclistas a utilizar las bicis. Y campañas: en colegios, en institutos, en centros de trabajo y campañas para el público en general. El caso es sembrar. Luego bastará con recoger los frutos de nuestro trabajo.

Ese es el cuento que nos hemos estado contando durante mucho tiempo y que, a fuerza de repetírnoslo, nos hemos acabado por creer como si fuera verdad. Una verdad incontestable. Esto se hace haciendo, nos hemos propuesto, y sólo pensamos en sumar.

Sin embargo, observamos que, si bien en un principio funciona y consigue que unos cuantos bienaventurados acepten el reto y se monten en sus bicicletas, con el paso del tiempo la cosa se queda estancada en unas proporciones que no son para nada satisfactorias y que acaban por desacreditar nuestros planes por falta de adeptos. Es fácil crecer del 1% al 5% o del 3% al 8% del total de viajes, como ha ocurrido en muchas ciudades, pero pasar de ahí se vuelve imposible.


¿Por qué?

Pues porque el problema que tenemos montado con la movilidad no es un problema tanto de construcción, de adición de infraestructuras, de convicción de nuevos discípulos, sino más bien un problema de deconstrucción, de desmantelamiento de infraestructuras y de disuadir a los que pueden prescindir de su coche de que lo utilicen. Si no hacemos esta tarea de "desmotorización", el resto de impulsos se quedarán en meras iniciativas testimoniales.

Porque nadie se va a apear de su coche por el mero hecho de que se lo propongamos, porque la gente no es estúpida y no ha elegido el coche simplemente por todo el marketing que le rodea, sino porque en la mayoría de las ciudades donde todavía se utiliza intensivamente el coche sigue siendo el medio más eficiente y, sobre todo, el que más comodidades ofrece y el que más facilidades tiene a su disposición.

¿Cómo vamos a hacerlo?

El camino para que la gente pueda dejar el coche en casa y desplazarse por la ciudad de maneras más amables pasa por ir recortando todas esas comodidades automovilísticas e ir poniendo dificultades para el libre tránsito y aparcamiento de los coches por los núcleos urbanos. Reducir los itinerarios, hacerlos menos directos, evitar los recorridos transversales, eliminar plazas de aparcamiento y encarecer el estacionamiento notablemente.

Pero también se puede hacer posibilitando que la gente no tenga que moverse tanto para todo: ofreciendo oportunidades de teletrabajo, dotando a los barrios y a los núcleos periféricos de servicios, dotaciones y atractivos suficientes que permitan que la gente cuente con lo que necesita en un ámbito abarcable sin necesidad de movilizarse en coche.

Sin embargo, con esto tampoco va a ser suficiente. Hay que potenciar de manera determinante el transporte público y demostrar que sus frecuencias y su alcance lo hacen un medio competitivo en determinadas condiciones. Hay que mejorar la calidad y la conectividad de los itinerarios peatonales, haciéndolos agradables y directos. Hay que desmantelar muchas grandes avenidas y reestructurarlas poniendo el acento en que sean practicables para los ciclistas y permeables para los que caminan.


Saber venderlo

Y tendremos que demostrar y “vender” que ese nuevo orden de cosas, esos cambios redundarán en beneficio de toda la población, haciendo que los núcleos urbanos se conviertan en espacios más interesantes, más humanos, más agradables, más divertidos, más seguros y más rentables en todos los sentidos, también en el económico. Y que los ciudadanos serán más activos, estarán más saludables y mejor predispuestos, y eso también se traducirá en beneficio de la comunidad.

Entendamos de una vez por todas que muchas veces se avanza más retrocediendo o reorientando trayectorias erróneas, porque el rumbo que se había impuesto nos había llevado a un punto sin retorno o había derivado tanto que viajábamos en el sentido contrario al que queríamos ir, simplemente porque nadie ponía en cuestión la dirección marcada o el destino que se perseguía en el viaje.

Sólo así conseguiremos darle la vuelta a esto. De momento, podemos proponerlo a las buenas, ahora que todavía el petróleo es barato y la burbuja automovilística no nos ha explotado, luego no habrá más remedio.

2 comentarios:

  1. Si es necesario cambiar la cultura vial de nuestro país apenas me encontré el vídeo de unos chavos que sin querer queriendo nos dan una lección así chequenlo https://www.youtube.com/watch?v=rboW6DRssio

    ResponderEliminar
  2. Creo que podriamos empezar por aparcar la bici en el trabajo por ley no? La bici no puede estar en la calle si queremos que la gente la utilice a diario . . . #enbicialafeina

    ResponderEliminar