sábado, 30 de marzo de 2013

Un ciclista menos

Hay noticias de las que es mejor no haber sido informados, porque, una vez recibidas, son imposibles de ignorar. Sobre todo cuando de lo que informan es de una desgracia, de un hecho irreversible, de un suceso fatal. Anteayer tuvimos la noticia de que el tráfico se había vuelto a cobrar otra víctima entre los que andamos a pedales. Un chaval de 14 años perdió la vida en Cartagena mientras andaba en bici cuando fue arrollado por un coche.


Otro más. Otro menos. Al final, con este goteo trágico vamos a acabar dando la razón a los que defienden que esto de la bici es peligroso sólo porque no quieren reconocer que esto del coche es casi criminal, según cómo se ejerza, y que entre las filas ciclistas hay mucho inconsciente temerario cuyo atrevimiento engrosa también el número de accidentados.

Otra vez más la conjunción de factores ha dado al traste con una vida. Ciclista sin luces al anochecer, conductora desprevenida y golpe mortal. Un segundo y todo vuelta al aire.

Mientras esto ocurre, y ya son demasiados casos, los unos y los otros debatiendo si el casco previene o disuade, si el ciclista por el centro o por el lado del carril, si a contramano o no o si los espacios peatonales tienen que gozar de dicha condición o deben reformularse como ciclopeatonales.

Hasta que no se inculque la responsabilidad y el respeto escrupuloso de todas las medidas de prevención, tanto entre los automovilistas como entre los ciclistas, nos vamos a seguir encontrando con este tipo de sucesos una y otra vez. Hasta que no se conciencie a unos y a otros de que lo que está en juego son vidas y que se mata y se muere bastante más fácil de lo que nos parece, esto no va a parar. Y no van a ser las leyes que se han escrito ni las que se escriban en el futuro las que van a cambiar las cosas sino las personas.

Dicen que no hay más loco que el que no quiere reconocer su locura y más ciego que el que no quiere ver. En esto de la bici hay un tipo de locura ciega demasiado arraigada que es la de los que no quieren ser vistos y mueren en el empeño. Y para estos hay ley desde siempre, como hay infracción sistemática desde siempre. Las luces salvan vidas.


Una pena, un horror, una tragedia, pero mientras los propios encausados, víctimas potenciales, no quieran verlo, seguirán cayendo ciegos y locos.

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