sábado, 9 de marzo de 2013

La realidad supera con creces la imaginación

Si hace unos cuantos años nos llegan a decir que para fomentar la bicicleta bastaba con permitir andar en bici por las aceras, con hacer el casco obligatorio o que para hacer un carril bici bastaría con pintar unas cuantas lineas en las aceras, hubiéramos dicho que eso no eran más que estupideces y que la cosa era mucho más profunda y, de hecho, bastante más complicada porque debía implicar una reducción imprescindible del espacio y de las oportunidades que se habían concedido a los coches para dárselas a las bicicletas.

Hubiéramos dicho que el meollo del éxito ciclista dependía más de facilitar el aparcamiento seguro y cómodo, de introducir la educación vial y la promoción de la bicicleta como vehículo desde la escuela, de calmar el tráfico y promover las zonas de convivencia, de castigar la imprudencia temeraria y las actitudes agresivas de muchos conductores y de fomentar el respeto, la empatía y la convivencia como motores de la vida pública y, por ende, también de la circulación.


Pues no.

La realidad nos ha enseñado que todo vale, que cualquier sandez se puede hacer valer con un buen aparato mediático y con la complicidad miope de nuestra clase política, sea esta del color que sea. Que se pueden hacer barbaridades y auténticas gamberradas si se cuenta con el suficiente coro de acólitos dispuestos a aplaudirlas y vitorearlas.

Hoy

Pamplona, 1985 - Construcción del carril bici de Pio XII 
Hoy se celebra en mi ciudad natal el 25 aniversario del desmantelamiento del primer carril bici que se hizo allá por 1985 y que duró apenas tres años. Un carril bici muy discutido porque por aquellos años no había más que unos pocos pirados que usaban la bicicleta como medio de locomoción (jóvenes, pobres, jipis y verdes) porque el resto eran deportistas que odiaban la segregación porque preferían morir aplastados por un camión, o algo así. El caso es que el mismo partido político que hizo desmantelar aquel despropósito es el que ha reproducido el mismo modelo y lo ha mejorado con la invasión obsesiva de las aceras en los últimos 5 años, hasta que se le ha acabado el presupuesto.

Hoy es el día en el que, en medio de la refriega que se ha montado al calor de algunas majaderías que anda proponiendo la Dirección General de Tráfico, seguimos creyendo que esto depende de ponerse un casco o no ponérselo (como si estuviéramos hablando de una guerra) o de si la edad límite para andar por las aceras en bici es 14, 12 ó 10 años o cosas por el estilo, y nos olvidamos de lo más importante: la prepotencia y la peligrosidad de los automóviles en la circulación es lo que impide el progreso de las bicicletas y, más que eso, la construcción de ciudades más habitables.

Una anécdota preocupante

Pues precisamente hoy, hojeando un periódico atrasado me he encontrado con la doble noticia, que no es más que una anécdota pero que simboliza el estado de las cosas en el que andamos metidos y la lógica aplastante que la alimenta, de un atropello de un peatón en un paso de peatones con pronóstico muy grave y la colisión entre un ciclista y un coche que no ha revestido mayor gravedad porque el ciclista, "afortunadamente", en vez de dar con sus huesos en el duro suelo ha caído amortiguado sobre el capó protector de su atropellador. Nada nuevo, de hecho la noticia no pasaba de una reseña minúscula en una página interior del diario. Lamentable.

Lo peor es que nos estamos acostumbrando a este tipo de noticias como si fueran normales, lógicas, inevitables, casi tanto como a las que nos anuncian la continuación de la crisis o la escalada de la corrupción a nuestro alrededor. Pringados hasta el cuello, pero callados como corderos.

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