domingo, 15 de julio de 2012

El coche no tiene sitio en la ciudad relacional

El ejemplo más decidido de conversión de las ciudades modernas en espacios de socialización, de disfrute y de encuentro es, sin lugar a dudas, el periodo festivo. La verdadera semana de la movilidad sostenible en el Gran Sur no se produce cuando lo manda la Comisión Europea, allá por septiembre, sino en las fiestas de cada pueblo, de cada ciudad y de cada barrio.

En fiestas, la circulación se restringe al máximo, los espacios peatonales se amplían, se gana sitio para todo ello, requisándolo de la calzada, se refuerza el servicio de transporte público... con un único objetivo: que la calle sea para vivirla y para disfrutarla. La ciudad está condicionada, es la ciudad relacional.


Y en esa calle se produce el encuentro. Y hay una especie de excitación colectiva, más allá de la propiamente festiva, por comprobar que las cosas pueden ser de otra manera al menos por unos días. Y la gente renuncia al coche para desplazarse al centro, y camina y utiliza el transporte público de manera masiva.

Claro que hay gente que lo hace porque ha bebido demasiado o porque no tiene ningún tipo de obligación urgente, porque no tiene prisa. Pero, aunque la tuvieran, tampoco iba a ser posible hacerlo en coche, porque es tal la reordenación del espacio y la determinación por mantener este nuevo orden que resultaría baldío su esfuerzo. La ciudad es inaccesible en coche y al cogollo de la misma sólo se puede llegar andando.

Tampoco la bicicleta


El problema en esta ciudad relacional, ocupada masivamente por peatones exultantes, es que la bicicleta también se encuentra con muchas dificultades para transitar y para aparcar. La bicicleta tampoco es bienvenida en la ciudad peatonal. Porque molesta, porque condiciona el libre albedrío de los viandantes.

Aún así, la bicicleta siempre tendrá un lugar en esta ciudad mágica. Aunque sea una bicicleta de pega, aunque el ciclista sea un personaje fantástico.


Y en esa ciudad virtual habrá, cómo no, un carril bici conveniente invadido por peatones.

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