miércoles, 27 de noviembre de 2013

Nunca acabarás de flipar

Que la realidad excede a la imaginación más calenturienta lo podemos comprobar día a día. Pero hay días especiales en los que las pruebas de ello se agolpan como para demostrarnos que nuestro atrevimiento nunca será tan espeluznante como la vida misma. Para bien y para mal.


Hoy mismamente en apenas un cuarto de hora de navegación por la red me han atrapado dos noticias en los dos extremos más antagónicos de la flipadera de la movilidad, como demostraciones de las divergencias abismales que hay dentro de lo que quizá equivocadamente hemos dado por llamar el mundo civilizado.

Detenido por intentar recoger a sus hijos del colegio a pie

La primera noticia viene de la mano del siempre interesante blog The Urban Country. Nos relata el desquiciante caso de un padre de Cumberland County, Tennessee, que ha sido arrestado por la policía por tratar de recoger a sus hijos del colegio ¡a pie! Terrorífico. Doblemente terrorífico por ser real.

Según la norma de este colegio la forma única y obligatoria para recoger a los menores a la salida del colegio es hacerlo en coche, como si fuera un drive thru cualquiera de hamburguesería típica. Esto provoca filas de resignados padres y madres de más de una milla esperando su turno para recoger sus correspondientes paquetes.


El padre transgresor decidió saltarse el orden y apearse del coche para caminar hasta la puerta y reclamar a sus vástagos con la negativa de los encargados del colegio que, ante su insistencia, decidieron, con la mediación de la policía, llevárselo por delante. ¡Merecido! Por listo. ¡Alucinante a lo que es capaz de llegar la estupidez en la cultura del coche!

Carril para bicicantarines

En el otro lado de la balanza están esa pandilla de locos estrafalarios, únicos e irrepetibles, que son los holandeses. Esta vez la anécdota nos llega desde el mismísimo Amsterdam, capital de la cosa guay. Aquí han querido recoger dos tradiciones muy arraigadas entre sus habitantes como son cantar por la calle y andar en bici y han decidido reservar algunas ciclosendas para semejante maridaje, señales incluidas. Flipante es poco.


A cualquiera le ha dado en algún momento por entonar su canción preferida mientras pedaleaba, pero de ahí a dedicar una infraestructura a ello, para que la gente se explaye desinhibidamente a ello a pleno pulmón y a golpe de pedal hay un salto importante en términos de flipadera.

Estamos locos, no cabe duda, pero que cada uno elija qué tipo de locura prefiere... si puede.

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